La sanción social impuesta al técnico de la selección de fútbol de Colombia Hernán ‘Bolillo’ Gómez es un hecho que debería ser copiado por el país político.
Igual que contra este personaje público hay que romper con esa pasividad dañina hacia la acción de los corruptos. Es preciso recuperar la dignidad humana perdida y escarmentar a quienes han convertido la política en herramienta de trabajo sucio y conciben los cargos públicos como una golosina que jamás desea que se acabe.
La experiencia vivida por la comunidad isleña durante la última década debe ser suficiente para tomar la decisión de no volver a elegir a quienes han ejercido el poder en este tiempo sin más logros que su beneficio propio y han sido indiferentes de manera atroz hacia los problemas que mortifican la vida diaria de sus conciudadanos.
Las elecciones de octubre próximo se constituyen en la ocasión propicia para sacar del escenario político a aquellas personas cuyo pasado y presente no augura cambio alguno en el manejo de la cosa pública.
Ya está bueno de tanto sometimiento y lasitud. Nos corresponde, entonces, mirar bien por quien votamos esta vez. De lo contrario, la sociedad perderá la autoridad moral para cuestionar más adelante cualquier actuación contraria a las leyes que le sea descubierta.
Elegir a personas que no posean las cualidades ni las calidades para ejercer un cargo gubernativo o representativo, es entregar nuestra suerte como una presa a un león hambriento. Es más de lo mismo. La victoria de los corruptos prolongará la inopia que atormenta a gran parte de la comunidad isleña.
El tesoro de toda sociedad reside en su capacidad de cambiar las cosas en cualquier momento. Por eso, después de reconocer quienes son los que se llevan la plata de nuestros impuestos a sus casas no hay razón para volverlos a tener en cuenta.





















