
El hecho de que las dos personas que aspiran a la gobernación de San Andrés y Providencia sean mujeres, convierte a esta contienda electoral en una de las más interesantes de los últimos tiempos. Es una ocasión inigualable en la que por vez primera la mujer deja de ser invitada de segunda al banquete de la política.
Ambas poseen experiencia en el sector oficial, por lo que no les será difícil entender la coyuntura ni cuán grande ha de ser el esfuerzo que requerirá de su parte resolver las necesidades básicas de sus coterráneos. En sus manos quedará el poder para reconstruir una comunidad hecha pedazos en lo social, en la seguridad pública, y amenazada en lo ambiental.
Quien sea que llegue a gobernar, tendrá que trabajar para todos sin distingo de ninguna clase.
No es momento de cobrar facturas. Es hora de promover unas islas en donde la diversidad no de lugar a una interminable anarquía, donde haya oportunidades de trabajo que desestimulen las ansias de obtener dinero fácil por parte de la juventud, donde la defensa y la conservación de la Reserva de la Biosfera sea una actitud permanente, y donde la paz no vuelva a ser espantada como ave del nido.
No será una tarea fácil pero sí una bella oportunidad para demostrar que la mujer es capaz de darle a nuestra sociedad el impulso que reclama para alcanzar el verdadero desarrollo. Que está preparada para ejecutar las ideas por sí misma, y mirar la historia desde sus propios ojos.
La nueva gobernadora de San Andrés y Providencia tendrá que ser hábil en el manejo de sus relaciones políticas con los contrarios; no sólo estimular el respeto por la pluralidad existente sino engrandecerlo; rescatar la solidaridad ciudadana con las instituciones públicas para combatir el delito y la corrupción; hacer una buena llave con el gobierno central que garantice un acompañamiento especial a su gestión pública.
En fin, cualquiera de las dos que logre su propósito adquirirá la responsabilidad de ser capaz de ofrecer novedades al sueño de la democracia moderna y tendrá que darle a su mandato la altura ética y profesional que amerita todo cargo público.
Mucha suerte para Aury y Susanie. Que gane la mejor.
Por Nadim Marmolejo Sevilla






















