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¿Gestión del Riesgo?

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OSWALDO.SANCHEZLa Asamblea General de la ONU de 2009 decidió “designar el 13 de octubre como fecha para conmemorar el Día Internacional para la Reducción de los Desastres”, pensando que es “una oportunidad para revisar y reconocer los progresos realizados en la reducción del riesgo de desastres y las pérdidas de vidas, medios de vida y salud”.

El lema para este año era: ‘Cooperación internacional para que los países en desarrollo reduzcan su riesgo de desastres y sus pérdidas por desastres’.

Los que saben al respecto enseñan que la gestión del riesgo es “el proceso de identificar, analizar y cuantificar las probabilidades de pérdidas y efectos secundarios que se desprenden de los desastres, así como de las acciones preventivas, correctivas y reductivas correspondientes que deben emprenderse”.

Como proceso, no es algo que se da de la noche a la mañana, como si de generación espontánea se tratara. Por eso, pareciera un chiste malo que a escasos 10 días del inicio de la temporada de huracanes (01/06/21) en esta región del Caribe, el IDEAM impartiera “algunas recomendaciones sectoriales y a la comunidad en general, para estar preparados ante una temporada de huracanes que este año también se prevé por encima del promedio normal”.

¿Cómo a dos semanas del inicio de esta actividad ciclónica se espera que la comunidad pueda emprender las “acciones preventivas, correctivas y reductivas correspondientes”? ¿Ese fue el tiempo que se tomó el gobierno departamental y su oficina pertinente para “identificar, analizar y cuantificar las probabilidades de pérdidas y efectos secundarios que se desprenden de los desastres, así como de las acciones preventivas, correctivas y reductivas correspondientes que deben emprenderse”?

El riesgo, entendido como la probabilidad de pérdidas, en un punto geográfico definido y dentro de un tiempo específico, depende de dos variables: la amenaza y la vulnerabilidad. La amenaza comprende los “Procesos o fenómenos naturales con suficiente intensidad, en un espacio y tiempo específicos, para causar daños”. Por ejemplo: un huracán, un tsunami, un terremoto, un deslizamiento, un incendio.

La vulnerabilidad la representan las “Condiciones resultantes de factores físicos, socioeconómicos y ambientales que aumentan la susceptibilidad de la comunidad a los impactos de amenazas”. Hacinamientos, construcciones en zonas de alto riesgo, etc.

Es de tener en cuenta que mientras la amenaza no siempre es controlable, la vulnerabilidad siempre lo es; que un gobernante se resista a subsanar esa vulnerabilidad o los entes de control miren para otro lado y no intervengan no autoriza a nadie a buscar culpables donde no están o señalar a quien no tiene arte ni parte. Entre nosotros en costumbre achacar a Dios la mayoría de nuestras desgracias: Dios así lo quiso, somos pecadores. ¡Y sanseacabó!

Es sabido que en muchos países de América Latina y el Caribe sus pobladores y su infraestructura económica y social son vulnerables a las amenazas naturales, pues se desconoce o ignora el riesgo sobreviniente al ubicar las viviendas en los lugares que hoy ocupan, por la aplicación de prácticas inadecuadas de diseño y construcción, por las modificaciones improvisadas, el gran nivel de deterioro de las edificaciones y de la infraestructura en general y por la falta de una cultura de mantenimiento.

¿Nos vemos en esta pintura?

Entre las recomendaciones a las que aludimos arriba, formuladas por la Directora del IDEAM, Yolanda González Hernández, está el recordatorio de que “Históricamente, entre mediados de agosto y mediados de octubre de todos los años se incrementa la posibilidad de formación de ciclones tropicales”. ¿Pudimos constatar al respecto algún comportamiento diferente, alguna actividad distinta a la displicencia gubernamental antes de la llegada de Iota?

¿Será que los gobiernos departamental y municipal, así como los líderes de los consejos departamentales y municipales de gestión de riesgo habrán acatado la orden de revisar y activar “los planes de contingencia ante estos fenómenos, que pueden ocasionar con el paso cercano de ondas tropicales o los propios ciclones, eventos de lluvias extremas, cambios en el oleaje, vendavales o monitoreados en sectores de la región Caribe, Archipiélago de San Andrés, Providencia, Santa Catalina y los cayos, incluidas zonas costeras e insulares”?

Queremos creer que sí, que fueron obedientes a las exhortaciones; pero, ¿cuáles fueron esas acciones?, ¿cómo las comunicaron a la comunidad? O será que la disculpa con la que se cobijarán es que estaban ocupados en la “reconstrucción”, o preparando defensa territorial como si la naturaleza cavilara con la misma insensatez.

El día que al dios Huracán quiera asolar este territorio lo hará... ese día llegará. El miedo no es porque llegue sino porque el desastre será peor, pues abarcará esta isla que nunca tuvo un nuevo comienzo, a sus habitantes los tenían tejiendo sueños y estaban felices porque eran + soñadores, y porque las autoridades nunca se prepararon para hacerle frente a Huracán con entereza, honestidad y mucha resiliencia.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

 

 

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