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Habilidades de la juventud

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OSWALDO.SANCHEZDurante la Asamblea General de la ONU en 2014 se tomó la determinación de proclamar el 15 de julio como el Día Mundial de las Habilidades de la Juventud, buscando empoderar a los jóvenes para que sean influyentes en el mundo, empezando desde sus comunidades y logrando objetivos globales.

En las sociedades en general, pero muy particularmente en países como el nuestro, son los jóvenes quienes más sufren la desigualdad; sus trabajos son precarios, abunda el desempleo y el acceso al mercado laboral es muy difícil, incluso aun cuando hayan recibido una educación de calidad. Es que para los jóvenes conseguir un trabajo decente representa un desafío considerable. Y las mujeres, en este grupo de jóvenes, son más propensas a padecer mayor discriminación.

Es tan grande el problema del desempleo juvenil en el mundo de hoy, que la ONU calcula que se requieren “al menos 475 millones de nuevos puestos de trabajo en la próxima década para absorber a los 73 millones de jóvenes actualmente desempleados y a los 40 millones que ingresan anualmente en el mercado de trabajo”. ¿Y qué será de nuestros jóvenes en el Departamento pos pandemia, de ser cierto el vaticinio de la Cepal cuando dice que en el sector turismo se perderán, por lo menos, 290.000 empresas y un millón de puestos de trabajo en América Latina y el Caribe?

La solución a esta grave injusticia con los jóvenes pasa necesariamente por la Formación y la Educación, y es mucho lo que queda por hacer. Los sistemas educativos actuales presentan deficiencias y no responden a las necesidades de aprendizaje de los jóvenes; es decir, la educación que reciben, especialmente en las instituciones públicas, no es pertinente. Así lo perciben pensadores educativos y empresarios al advertir que hay “una brecha entre las habilidades que se necesitan en los empleos y las que se adquieren en la escuela”. Y si de calidad se trata, bien es sabido que los egresados de nuestras IEs tienen una precaria formación para el mundo laboral, como lo certifica la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Al respecto, unos datos para reflexionar: en informe económico, la ONU advierte que la desocupación regional de los jóvenes fue de casi el 20% en el tercer trimestre de 2019; por su parte, el Foro Económico Mundial cree que unos 70 millones de empleos desaparecerán en tan solo 5 años por cuenta de la inteligencia artificial, pero emergerán más de 130 millones derivados de los avances tecnológicos, entonces uno se pregunta: ¿la Escuela está preparando a sus estudiantes para esas oportunidades?

Durante el Foro Mundial sobre la Educación 2015 se aprobó la Declaración de Incheon para la Educación 2030, “documento que supone un compromiso histórico entre naciones para transformar vidas mediante una nueva visión de la educación”. La importancia de esta Declaración se redobla como que ella da pie a la formulación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), cuyo cuarto Objetivo pide “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”.

Y en esta Educación 2030 se le da mucha importancia al acceso a una enseñanza y formación técnica y profesional (EFTP) asequible y de calidad; algo que ya preveía nuestra Ley de Educación al consagrar como un Fin “La formación en la práctica del trabajo, mediante los conocimientos técnicos y habilidades, así como en la valoración del mismo como fundamento del desarrollo individual y social”.

Con este marco de referencia, se esperaría que la enseñanza y formación técnica y profesional ayude a los jóvenes a desarrollar las competencias adecuadas para el empleo y el trabajo decente y el espíritu empresarial, removiendo las trabas que dificultan el acceso al trabajo, por ejemplo, garantizando que las competencias adquiridas sean reconocidas y certificadas. También esta EFTP debería ser asequible a jóvenes desescolarizados que ni trabajan, ni estudian, ni reciben formación.

En Colombia la Educación Media (grados 10 y 11) tiene dos modalidades: la técnica y la académica. Según datos de la OCDE, aproximadamente 1,1 millones de jóvenes están matriculados en educación media, distribuidos así: un 76%, matriculado en formación académica; los demás, en programas de formación y educación técnica. Por eso quisiéramos saber cómo va lo de la enseñanza y formación técnica y profesional en nuestro Departamento; igualmente, la salud del Programa Articulación con la Media con el Sena.

Ojalá el PDD ‘Todos por un Nuevo Comienzo’, aún en estudio, le dé a la Educación Media Técnica la importancia y ayuda que necesita y merece, aunque de manera expresa nada dice el borrador conocido. Si de veras se quiere una región insular diversa, con fortaleza económica, sostenible y equitativa y “para dinamizar el desarrollo económico y superar la pobreza” del Departamento (Política 5 del eje 4), se necesita una Educación de Calidad y Pertinente.

 

 

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