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Archipiélago sin hambre

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FABER.GONZALEZ2Nuestro cerebro cambia con el hambre, perdemos la capacidad de pensar en el largo plazo, entramos en un modo de supervivencia básico, solo pensamos en el modo de conseguir el alimento, la vida gira en torno a eso, simplemente nos dejan de importar cosas que antes nos parecían importantes, perdemos nuestra capacidad de aprender, perdemos la confianza en nosotros mismos para tomar decisiones, casi perdemos nuestra humanidad.

Hoy sufrimos en nuestro Archipiélago una especie de hambre económica, se siente ya una asfixia casi insoportable por este nuevo coronavirus, un hambre económica que ha llevado a una crisis sin precedente al sector turístico mundial y que obviamente golpea con fuerza a aquellos quienes pusieron todos los huevos en la misma canasta, como nosotros.

Aún ni siquiera sabemos cuánto tiempo más asfixiará nuestra economía esta pandemia, quizás este año no recibamos turistas y sin ellos, la fuente que pone en movimiento casi la totalidad de nuestro ecosistema productivo.

Ahora se hace tan dramáticamente evidente que debimos diversificar nuestra economía, que nuestra mayor riqueza son nuestros recursos naturales, que cuando más necesitamos servicios públicos como la salud, el agua, las comunicaciones, simplemente nos dimos cuenta de que no contamos con ellos para salvaguardarnos, sí que menos para ‘reinventarnos’.

Pero sumergido en esta preocupante situación económica ya sale y saldrá con mayor fuerza a la superficie un problema a todas luces mayor: el hambre.

Hablo de la sensación agobiante de quien no cuenta con los alimentos, de quien se debe saltar comidas o quienes deben reducir las porciones de sus familias. Hablo también de la agudización de la malnutrición histórica en el Departamento, donde el consumo de frutas y hortalizas se puede ver aún más restringido justo cuando las personas deben estar mejor nutridas para enfrentar la amenaza del Covid-19.

No podemos esperar que la recuperación de la economía resuelva el tema del hambre, porque esto tomará su tiempo y el hambre necesita atención urgente. Que el hambre económica no nos impida pensar más allá de la pandemia, debemos tener un enfoque en el hambre como prioridad a resolver.

Debemos garantizar un Archipiélago sin hambre y para ello propongo abordar este desafío desde tres líneas de trabajo:

1. Generar una renta básica con recursos Departamentales para las familias más vulnerables, más allá del Ingreso Solidario que se da desde el Gobierno Nacional y que todos sabemos aquí se le va a una familia solo en las bolsas de agua potable.

2. Un programa de estímulo financiero y a la inversión en proyectos agropecuarios que nos permitan producir más alimentos a nivel local.

3.  Avanzar más allá de las donaciones esporádicas y crear un Banco de Alimentos del Archipiélago.

Sin dudas habrá más estrategias, quizás mejores, lo importante es que exista conciencia de que este problema es real y que cada vez será más evidente, que los recursos que no son infinitos se prioricen en temas como estos.

Ya lo mencioné arriba, nuestro cerebro cambia rápidamente con el hambre, cambia además para mal, sino atendemos este problema con la seriedad requerida, sin dudas, nuestra sociedad también lo hará.

Twitter: @faber_gonzalez

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresen.

 

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