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¿Oportunidad para desmontar la desigualdad estructural?

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CARLOS.FONTALVORobert Schuman, uno de los padres fundadores de la Unión Europea, dijo: “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas (…)" Si recordamos, estas palabras fueron dichas en una época de transición política en Europa. Los efectos de la segunda guerra mundial dejaron al 'viejo continente' sumergido en un contexto social más denso que la realidad del coronavirus.

Nada en esta contemporaneidad se compara a la ruina, muerte y adversidad de la Europa de la posguerra: España, Portugal, Francia y Alemania fueron países reducidos a la máxima pobreza multidimensional. Hoy, una potencia como España, fue a partir de 1948 mucho más pobre y desigual que la actual Colombia. Aunque América Latina es la región más desigual del mundo, la relación entre “devastación y ausencia de dignidad humana”, dos realidades moduladas por el constitucionalismo progresista en nuestra región, eran impensables en la Europa de la posguerra.

¿Por qué planteo un paralelismo entre la Europa de la posguerra y nuestro Archipiélago? Porque la pobreza, la marginación y la exclusión social, son rostros de la desigualdad estructural, no son consecuencias del coronavirus. Son causadas por malas decisiones políticas y sociales, como fue en Europa, hacer la guerra, por ejemplo. Así como en Europa se decidió hacer la guerra arrastrando a un continente entero a la pobreza, marginación y exclusión, de igual manera en la isla, se ha decidido mantener un orden social, que, con infértiles decisiones, no altera para nada el orden social desigual en que viven los isleños.

¿Nos sorprende el SOS que San Andrés está enviando a la nación por la crisis económica que ha generado la pandemia? Honestamente ¿Solo el coronavirus ha causado 11 mil millones de pesos en pérdidas comerciales? Me temo informar que, si creemos que la pandemia ha sido la “causante de todos los males” del archipiélago, estamos desconociendo que San Andrés, Providencia y Santa Catalina son víctimas de la desigualdad estructural con relación a la Colombia continental.

En otras palabras, el Covid-19 no reveló nada nuevo, solo saca a la luz las mismas deudas históricas y la falta de planeación relacionada con las crisis sociales, sin dejar de lado por supuesto, que nuestra población es y no ha dejado de ser parte de la Colombia periférica: como Chocó o la Guajira, ha sido privada del derecho a transformarse. Así que no nos sorprendamos más, con pandemia o sin ella “lo que vive la isla” es la realidad de toda la vida..

Claro que en el archipiélago se han logrado importantes avances, pero también hay retrocesos, como, por ejemplo, la fragilidad de nuestro sistema de salud y el desarrollo económico insular, esto último es el gran proyecto político inconcluso. Desde antes de la pandemia, nuestra isla tiene pésimas condiciones en vastos sectores de la población, hay pobreza y desigualdad, que son las mismas que hoy se aumentan por la realidad indiscutible del coronavirus.

¿En que nos parecemos a Europa? en nada por supuesto. ¿Pero que podemos aprender de Schuman? Sencillamente entender que, aunque en la isla hay avances, todavía no es socialmente igualitaria, en esto último nos parecemos a la España de 1948. Así como Schuman dijo que “Europa no se construiría de un día para otro”, la sociedad civil isleña y la administración, deben asumir el compromiso de repensar una nueva realidad social y política que debe ser estable después de la pandemia.

La ‘nueva normalidad’ lo permitirá. En tanto, si la normalidad a la que entrará la isla después de la pandemia será distinta ¿Por qué no pensamos en cambiar democráticamente, la actual manera de entender nuestro desarrollo social insular? Es esto lo que necesitamos para alzar los niveles de igualdad y acceso a oportunidades para todos los isleños.

La nueva normalidad nos dará la oportunidad de quebrar con la antigua visión de administrar, ser ciudadano y hacer política pública: pronto llegará la nueva oportunidad de renovarnos, así como la tuvo Europa después de la segunda guerra mundial. La ‘nueva modernidad’ nos invita al cambio social, porque si no cambiamos, no solamente estaremos entre los más pobres del país, sino que las desigualdades existentes serán peores hasta el punto que cortarán toda posibilidad de permitir lo más elemental: ‘la vida digna de todos’.

Así como Europa lo hizo desde 1948, nosotros debemos usar la nueva normalidad, para abolir la pauperización que azota al archipiélago desde antes de la pandemia. Esto por supuesto, no descarta la posibilidad de luchar contra el virus en la realidad de los más pobres, ya estamos llorando a nuestros muertos que jamás volverán. Pero, si esta es también una oportunidad para cambiar y crear una nueva conciencia isleña, podremos pensar en una transformación que permita, por ejemplo, que todos sin excepción, cuando nos llegue el momento de irnos de esta existencia, tengamos el derecho de irnos en condiciones dignificantes: no desasistidos e inermes porque el sistema de salud colapsó.

La nueva normalidad es nuestra oportunidad de hacer todo diferente, porque el mundo no se ha acabado, nuestra isla sigue en pie a pesar de la adversidad sanitaria. Tendremos la oportunidad de elegir a nuevos líderes políticos, pero más allá de eso, hacerlo diferente porque seguro no saldremos igual de todo lo que estamos viviendo. Ahora más que nunca, estamos convencidos de lo que necesitamos: solidaridad comunitaria, pero, ante todo, enérgicas políticas de protección multinivel, y un gran impulso de la iniciativa privada ¿para qué? No para ‘enseñar a pescar’, sino para sacar de la desigualdad y la realidad de la pobreza al ‘pescador’ para que su vida y dignificación, florezca como la Europa que llegó después de Schuman.

Es cierto que erradicar la desigualdad estructural no nos hará inmunes a esta y otras pandemias, pero si nos permitirá vivir tranquilamente en una sociedad equilibraba con más oportunidades y seguramente, con una capacidad de respuesta institucional que estabilice social y económicamente a más personas en tiempos como estos. Porque negar la relación entre pobreza y crisis pandémicas, es tanto como creer que nuestro atraso social y político, nada tiene que ver con nuestro desarrollo económico insuficiente.

Estos tiempos difíciles pasarán, así como pasó la ‘peste negra’, pero nos quedará una realidad social más agravada. En tal sentido, mi deseo es que podamos entender que el archipiélago no se transformará de forma automática después del coronavirus: evolucionará por nuestras realizaciones políticas concretas y la primera es el compromiso de todos y el interés de la administración por erradicar la desigualdad estructural que es nuestra principal enfermedad insular.

Hagamos muchas reflexiones en estos tiempos, pero la principal siempre será: ¿qué tipo de sociedad y administración pública isleña queremos después que la pandemia pase?

Última actualización ( Domingo, 05 de Julio de 2020 12:32 )  

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