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Volver o no volver, esa es la cuestión

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El pasado 19 de mayo el Gobierno Nacional anunció que a partir de agosto los estudiantes regresarían a las instituciones de educación bajo el modelo presencial, practicando los protocolos de bioseguridad establecidos y acatando los lineamientos dictados por las autoridades regionales.

Por su parte, el Ministerio de Educación Nacional (MEN) promulgó unos lineamientos para la prestación del servicio de educación en casa y presencial bajo el esquema de alternancia buscando “acompañar a los gobernadores, alcaldes, secretarías de Educación de Entidades Territoriales Certificadas, secretarías de Salud territoriales e instituciones educativas oficiales y no oficiales”, en el proceso educativo de los escolares.

Es claro que el primero de agosto no es la fecha del regreso masivo a la ‘presencialidad’, como pretenden mostrarlo algunos sectores tendenciosos, sino el momento a partir del cual las entidades territoriales junto a docentes, directivos y comunidades educativas ajustan los respectivos protocolos para darle inicio con alternancia y gradualidad.

Porque, de considerarse que las condiciones no están dadas, la mejor y única opción es abstenerse de ello, tal y como lo hicieron la Universidad Nacional y la Secretaría de Educación de Antioquia, por ejemplo. O regresar a clases, si las hay, como la U Cooperativa de Colombia. Tampoco caben las encuestas. Solo es cuestión de razonar.

Extrañan, por tanto, los cacerolazos, los improperios y las confrontaciones: “Los maestros de Colombia estamos rechazando la directiva del Gobierno con la que pretende el regreso a clases presenciales bajo el esquema que llama de ‘alternancia y gradualidad’ porque no hay las condiciones de bioseguridad y se pone en riesgo a los maestros, a los alumnos y a los padres”, ululaba el secretario de Asuntos Educativos, Pedagógicos y Científicos de Federación Colombiana de Educadores (Fecode), Miguel Ángel Pardo.

“La seguridad de los niños es una prioridad… No vamos a dar ni un paso que los ponga en riesgo”, aseguró el presidente Duque. Esta es la prioridad, no lo réditos políticos. Jaime Arias, rector de la Universidad Central y exministro de Educación y Salud, asegura: “Considero que la línea adoptada por el Ministerio de Educación es correcta”. ¿A quién creerle: a Fecode, al ministerio?

Desenredando un poco el ovillo de lo que alguien calificó como “El polémico retorno a los colegios”, tratemos de responder esta sencilla pregunta: ¿A qué van los niños a la Escuela? Es decir, ¿cuál es la razón de ser de la Escuela?

Definitivamente, no es a ‘aprender’, como ha quedado demostrado en estos 100 días de cierre físico de la escuela. El internet, la televisión, la prensa son por mejores medios para dar información, con la ventaja de no estar sometido a la dictadura de las notas. Tampoco el ambiente que se respira en las escuelas es el más alentador; no es necesario ser pedagogo, especialista o ingeniero para darnos cuenta de que la mayoría de las edificaciones son precarias y difícilmente gratificantes.

A la Escuela se va porque es el único camino para construir la sociedad democrática que se quiere y le corresponde a la Escuela cumplir esta Misión. La Escuela debe formar ciudadanos y enseñar ciudadanía. Al niño hay que desarrollarle sus habilidades comunicativas, educarlos para ser líderes, responsables con el medio ambiente, habilidosos en la solución de conflictos y amos de sus emociones. ¡Y esto no se hace a distancia!

¿Alguien duda que sea en el ámbito escolar donde el niño aprender a vivir y convivir con el otro, a conocerse a sí mismo? ¿Hay dudas de que la Escuela debe dotar al niño del bagaje necesario para salir avante en la vida? Que la escuela le haya negado estas posibilidades al niño es otra cosa.

Le damos razón a los docentes que a voz en cuello piden mantener cerrada la escuela, esa en la que es el docente el centro de todo y no el niño; esa, donde no se aprende sino que se repite. Esa escuela no debe volver a abrirse: ¡esa escuela está muerta!, y hacen bien en enterrarla pero no por el Covid-19 sino por vergüenza. Ojalá la Ministra les cogiera la caña.

La Escuela y el Maestro que hoy se necesitan son los que sepan y deseen formar hombres y mujeres que hagan de nuestro entorno una realidad nueva. Si se quiere tener un país fértil para realizar sueños y oportunidades, debe concederse a la Escuela la importancia que merece. El Maestro debe ser guía y compañero de viaje en el desarrollo y crecimiento del niño. Que la Escuela sea la palestra del debate de ideas y el sitio donde se construya conocimiento que transforme vidas.

Es cierto, nos falta mucho; pero no por ello se debe renunciar a la construcción de una Colombia y de un San Andrés mejor, ¿por qué no aprovechar la ocasión de este ‘nuevo comienzo’, señor Gobernador? ¿Es mucho soñar?

 

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