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Temblores y tsunamis (Parte I)

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GERMAN.MARQUEZ2Con motivo de los frecuentes temblores o sismos que han afectado al Archipiélago desde octubre, el miércoles y jueves de esta semana se llevó a cabo una capacitación sobre el tema en las islas. Vinieron expertos muy calificados en geología, sismos, tsunamis, amenazas y riesgos, pertenecientes a entidades como el Servicio Geológico Nacional, Dimar, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres y la Defensa Civil.

El evento aclaró muchas cosas sobre los temblores y riesgos asociados. A continuación, presento un resumen de aspectos de especial interés para mí y, creo, para los habitantes de las islas. Debo señalar que, aunque he tratado de ceñirme a lo afirmado por los expertos, el contenido de esta columna es de mi responsabilidad y no puede ni pretende reemplazar la información proveniente de las autoridades.

Un primer aspecto por tener en cuenta es que los repetidos temblores o sismos que se han venido sintiendo están siendo seguidos y estudiados científicamente con mucho cuidado. Los organismos especializados tienen equipos instalados en todo el país, incluidas las islas y cayos, para registrar los temblores, ubicarlos y explicarlos. Los estudios permiten entender en gran medida lo que está ocurriendo, estimar las probabilidades de ocurrencia de fenómenos de gran magnitud y adoptar medidas para disminuir los riesgos asociados. El conocimiento científico no es perfecto y por supuesto no puede evitar la ocurrencia de sismos o tsunamis, pero si ayuda a prepararnos y, en este caso, a estar un poco más tranquilos.

De hecho, sobre la base del conocimiento mencionado es posible afirmar algo tranquilizante y es que, en el caso del Archipiélago, eventos de gran magnitud son poco probables, es decir que no parece muy factible que un gran sismo pueda afectarnos. Eso no quiere decir que definitivamente un evento de tal naturaleza no pueda ocurrir, ya que “en estos casos nunca se puede decir nunca”, como decía una de las expertas. Pero permite afirmar que grandes sísmos o tsunamis, aunque no sean imposibles, sí que son poco probables.

Esta afirmación se apoya en varias evidencias científicas. Los temblores se generan por movimientos de la corteza terrestre, que es algo similar a una cáscara (como la de una naranja) que recubre el Planeta. Los movimientos se dan en las fallas, que son fracturas o grietas en dicha corteza terrestre; las muy grandes son como la muy famosa ‘Falla de San Andrés’, que amenaza a California y ha sido protagonista de varias películas. Grandes fallas como la mencionada tienen el potencial de producir enormes y prolongados temblores, verdaderos terremotos muy destructivos de magnitud 8 en adelante. Pero resulta que en cercanías del Archipiélago no hay ninguna falla suficientemente grande para producir un sismo de gran magnitud o duración, que pueda a su vez generar tsunamis.

Por eso puede afirmarse que es baja la probabilidad de grandes terremotos o tsunamis en las islas. No obstante, los mismos estudios revelan que sí existen numerosas fallas pequeñas que explicarían los también numerosos pequeños temblores que hemos estado sintiendo.

La ausencia de las condiciones necesarias para un gran sismo está corroborada por la evidencia histórica, según la cual el temblor más fuerte que se ha registrado en el Archipiélago ocurrió en 1926, de magnitud estimada de 6,7; aun así, no alcanzó a generar daños graves. En la secuencia reciente de temblores la mayor magnitud alcanzada ha sido de 6,1.

Sin embargo, debe tenerse presente que esto no significa que no puedan presentarse situaciones graves con un temblor de esta magnitud, por lo cual es muy importante que todos estemos prevenidos y tomemos las medidas de precaución necesarias, según se explicará mañana en la continuación de este artículo.

Veamos ahora los tsunamis. Los tsunamis son series de olas, generadas principalmente por grandes terremotos, que viajan a gran velocidad y, al acercarse a la costa, ganan altura y se amontonan, volviéndose muy peligrosas. De acuerdo con la información recibida, un tsunami fuerte de origen local, esto es muy cercano a las islas y que pueda llegar a estas muy rápidamente (podrían ser unos pocos minutos), es también poco probable. Esto se debe a que originar tsunamis requiere sismos fuertes y como estos son de baja probabilidad en las islas, también lo son los tsunamis.

Para que los tsunamis se produzcan se requiere, además, que una parte de la corteza sea levantada bruscamente sobre la otra e impulse el agua hacia arriba; este movimiento de abajo hacia arriba forma una especie de montaña de agua que luego se descarga sobre la costa en forma de tsunami. En la secuencia reciente de temblores, los movimientos de la corteza no han sido hacia arriba y abajo, sino hacia adelante y hacia atrás, a lo largo de las fallas, lo que no puede producir un tsunami.

No obstante, esto tampoco quiere decir que un tsunami grave sea imposible, pues no solo pueden originarse localmente, sino en regiones más alejadas, para nuestro caso Centro América o el arco exterior de las Antillas, donde existe posibilidad, aunque también reducida, de terremotos de mayor magnitud. Estos tsunamis regionales tardarían hasta varias horas en llegar a las islas y darían más tiempo para responder adecuadamente, si se está preparado para hacerlo, como es responsabilidad de todos.

Adicionalmente pueden generarse tsunamis por deslizamientos (derrumbes) submarinos o por causas meteorológicas; estos son menos frecuentes, pero no pueden descartarse. Algo bueno es que los arrecifes de coral que rodean las islas y los manglares que ocupan algunas partes de la costa contribuirían a mitigar el impacto de los tsunamis, siempre y cuando se mantengan en buenas condiciones.

En todos los casos la preparación personal, familiar, comunitaria y gubernamental, a la cual se hará referencia posterior, es fundamental.    

Un aspecto de interés más se refiere al carácter volcánico de Providencia y Santa Catalina y su relación con los temblores. En efecto las islas son de origen volcánico, pero el volcán dejó de estar activo hace 11 millones de años y no hay indicios de reactivación, por lo que no guarda relación con los temblores recientes ni parece ser motivo de preocupación, si bien, como se ha reiterado, no hay certeza científica total y “nunca se puede decir nunca”.

En mi artículo de mañana expondré algunas cosas básicas sobre que se puede y se debe hacer antes, durante y después de los sismos, no sin anticipar que la preparación empieza informándose adecuadamente, para lo cual se debe acudir a las fuentes oficiales de información, en particular el Servicio Geológico Colombiano, la Dimar (Dirección Marítima) y la Unidad de Gestión de Riesgos.

[*] Biólogo, PhD., Fundación PROSEALAND.

 


 


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