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Un pacto por las islas

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HAROL.BUSH2¿Ya ha tocado fondo la crisis isleña? Es la pregunta del millón. Muchas investigaciones en curso, y más actos delincuenciales indican que no; sin embargo nada quita que comencemos a planear un futuro con profundos cambios en las instituciones, en especial en cómo se gastan los presupuestos asegurando que haya metas concretas orientadas a soluciones. Es lo mínimo que se le debe a las islas y se puede y se debe encarar con total transparencia.

Se acabó la ‘danza de los millones’ sin soluciones y metas de los últimos años. Habrá que hacer todo con menos dinero por la austeridad impuesta en la administración Duque, y por la altísima desconfianza que hay en el manejo de dineros públicos en las islas que hará que sea difícil obtener más del presupuesto nacional.

La percepción a nivel general de la corrupción en las islas es alarmante y no será fácil convencer ni a los isleños como ni al Gobierno Nacional de que se acabará el desangre de dineros públicos.

El considerable aumento presupuestal de los últimos seis años como ‘endulzante’ por el fallo del 2012, poco solucionó, pero sí se incrementaron de manera alarmante las denuncias por corrupción.

Lo que sorprende es que a pesar de la profunda desconfianza que hay y la postergación de soluciones urgentes, no vemos actos de resarcimiento, una dosis aunque sea mínima de culpabilidad o debates políticos locales para llegar al fondo de las cosas. Los debates y las denuncias se hacen más bien por la opinión pública, no por los políticos o líderes sociales.

Para poder avanzar, los funcionarios deben pagar por las irregularidades cometidas y así cumplir la función social y legal de disuadir a otros de no cometer más irregularidades. La impunidad invita al delito y destruye la confianza ciudadana en las instituciones.

Es deprimente cuando las noticias últimamente son más sobre escándalos y muertes que sobre soluciones y, aún más, cuando nadie paga por las serias irregularidades que todos ven menos las autoridades de control.

Por todo eso es urgente una renovación de la dirigencia política y social. El liderazgo tradicional de nuevo le falló a las islas y por eso es urgente que los jóvenes comiencen a asumir una función política más activa y no temer intimidación o represalias de los pesos pesados de la política que ven su labor cuestionada y su rol debilitado por el surgimiento de nuevos líderes locales.

Se aprende de las crisis para evitar otras, pero en nuestro caso se repiten una y otra vez y es cuando esa renovación se hace necesaria y urgente: en los últimos años han habido cuatro gobernadores suspendidos y varios funcionarios presentes y pasados bajo investigación, con sanciones o impedimentos.

No sorprende que el gobierno de Duque sea cauteloso en enviar más dinero a las islas y exige ‘hojas de ruta’ para todo, que justifiquen qué se hará con cada peso y qué se solucionará. Los tiempos de gastar en proyectos inútiles como el barco de cemento (¿o de madera?) de 1100 millones se acabaron.

La salida de la actual crisis debería ser un pacto político y social con énfasis en soluciones, buen manejo de recursos y total transparencia, pero se debe evitar que se convierta en otro mecanismo para la repartición de recursos y burocracia.

Depuración y fortalecimiento del liderazgo

Una condición absolutamente necesaria del pacto es tener buen liderazgo, tanto político y social local como institucional local y nacional porque fallaron los administradores (asociados a políticos) y los que estaban obligados a supervisarlos (también asociados a políticos).

Los grupos sociales deben reformarse. En los últimos años disminuyeron sus protestas al tiempo que aumentaron su interacción con el gobierno. La labor de las veedurías es de admirar pero, al igual que las entidades de control y grupos sociales tradicionales, han sido selectivas en lo que denuncian.

Los grupos sociales tampoco aprovecharon las normas bastante especiales ni la coyuntura de aparente disposición del Gobierno Nacional de entregar soluciones y nuevas normas después del fallo del 2012. La concentración en el Estatuto Raizal, que resultó en un proyecto bastante débil, hizo descuidar el control poblacional y otros asuntos de igual urgencia.

Algunas entidades simplemente no cumplieron con sus funciones y en unas islas tan delicadas en lo social y ambiental, cada eslabón desatendido tiene serias repercusiones.

Algo debe de pasar para pasar la página

El compromiso y liderazgo nacional aún no es claro, y se percibe que el nuevo presidente muestra poco interés en las islas.

Por eso es necesario un mejor y mayor compromiso local unificado que anime o exija una mayor atención y recursos nacionales. Una unión regional de gremios, gobierno local y grupos sociales es absolutamente necesaria. Existe en otras regiones del país, y trabajan en bloque para presentar una agenda común y tener más peso.

La indecisión nacional, la falta de un gobernador en propiedad y el continuo derroche de dineros públicos, están afectando cualquier posible recuperación. A nivel local tampoco ha habido un liderazgo político apropiado. Se observa más bien total somnolencia y anarquía en un mar de escándalos, con instituciones y liderazgos en necesidad de una buena dosis de prestigio.

Se necesita una visión del futuro que no se ve por ningún lado. Las asociaciones políticas forjadas de las elecciones recientes a Cámara deberían estar otorgando esa visión, pero parecen concentrarse cada vez más en asegurar votos para poner al Gobernador.

Emergen tímidamente asociaciones independientes, con programas y críticas constructivas sin respaldo de la maquinaria tradicional, pero sí del voto de opinión y de sectores empresariales locales. Este fenómeno se dio para Cámara y puede –y debería– repetirse para Gobernador.

Las islas están sedientas de respuestas para poder avanzar. Una buena auditoría de lo que pasó con los billones invertidos ayudaría para aprender cómo manejar las cosas hacia el futuro, y para liberar al sector público de empleados, contratistas y procesos que la perjudican y la desangran de los recursos destinados a dar una mejor vida a la comunidad isleña.

El fin de la parálisis política por la sanción del Gobernador y la respuesta a muchos otros interrogantes le darían más peso al pacto.

Debemos también salir del pesimismo y de las expectativas amarillistas de la política local, acrecentadas por los rumores sobre el próximo funcionario en ser sancionado o en ir a la cárcel; o las constantes visitas de la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría a la Gobernación y a la Alcaldía, que nada parecen arrojar. Un círculo vicioso que debe de parar, de una vez por todas.


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Última actualización ( Domingo, 16 de Septiembre de 2018 09:45 )  

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